El ser humano interpreta.
Performatiza y emula. Romantiza, venera y odia. Disfraza lo propio de lo ajeno.
Vive huyendo hacia delante del ser. Y aquel que viaje en sentido contrario y se
vea inmerso en el viaje al interior de uno mismo, aquel podrá acaso llegar muy
lejos, pero descubrirá en algún momento que ha traicionado aquello que le hacía
humano. Entenderá entonces que lo humano es teatral y que la persecución de la esencia que hay
detrás de uno mismo, [el "yo"] es la excavación a la mismísima punta
de la Tierra.
La autoconcepción no es más que una imagen especular, siendo el espejo en el que uno se refleja, el mundo al que cada día se abre de nuevo. Me explico. No hay honrado sin ladrón y de no haber un asesino, jamás un santo. El encaje social es la llave a nuestra identidad: cómo se nos comprende y qué papel jugamos constituye el ramillete de atributos que definen las líneas generales de lo que parecerá componer lo más intrínseco de tu existir. El bueno, el malo, el triste, el inmoral... todos ellos son papeles actorales que empezarán a encorsetarte, a definirte, a explicarte. Conceptuamos lo que somos a través del papel social que desarrollamos. En el espejo de nuestra comprensión social, nos reflejamos como lo que somos.
La búsqueda de nuestra esencia,
nuestra identidad, nuestro alma, no sería entonces más que el intento de
escarbar en un conglomerado buscando el material fundamental, como si este no
fuese precisamente la mezcla de los demás. No hay nada que nos preceda, no hay
un "nosotros en sí mismo", sino que construimos lo que somos. Me
corrijo. Aprendemos lo que somos, interiorizamos lo que somos. Socializamos lo
que somos. Aquel, entonces, que busque la identidad humana no encontrará más que
un lienzo en blanco esperando a ser pintado.
Es por ello que la introspección resulta herramienta y cuchillo. Y no se me malentienda en esto que diré, pues nunca estaré en contra del autoconocimiento, pero sí que creo que precisa del aviso de que los pensamientos que uno tiene cuando reflexiona sobre sí mismo pueden estar igual de sesgados que los que evita cuando se odia. Como hemos fundamentado antes, la comprensión de uno mismo está siempre precedida por todo aquello que suponemos de nosotros, es un campo plagado de precedentes que hemos ido sentando a lo largo del ir creciendo, el papel que te toca jugar en tu escaparate social te define y te mutila.
Aquel que se cree muy autoconsciente de sus propias taras mentales puede acabar encasillándose a sí mismo en una definición que, primero de todo, cabe la posibilidad de no ser del todo fiel a la realidad, y que, segundo, puede acabar dominando su vida y sus explicaciones. Los roles actorales nos hacen autoreferenciarnos, ["hago esto porque soy así"], convirtiéndonos en esclavos de nuestras propias explicaciones. Satelizamos nuestro entorno alrededor del papel que hemos decidido que nos define enteramente. Elegir nuestra esencia, es elegir nuestro castigo. Si fundamentas todo alrededor de una definición que parece constituir tu "yo", solo haces que éste sea inmutable.
Quizá haga falta romper con la visión individualista moderna, quizá haya que dar muerte a la esencia y al alma. Quizá haya que romper con todo lo enunciado al principio de este texto. Bajar del escenario y tirar la máscara del yo. Quizá haya que dejar de interpretar. El ser humano deviene. Aprende, y se desarrolla. Ama, reflexiona y vive.
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