Nunca fui un gran alumno en la destreza de las matemáticas, sin embargo y, pese a jamás haber resultado diestro en la disciplina, siempre me fascinó la combinatoria y las posibilidades, lo absolutamente ridículo de la inmensidad de unas permutaciones que crecen infinitas en un mundo que se presentaba finito. Siempre me deslumbró como un mismo molde podría acaso resultar en millones de resultados, como lo único torna en múltiple cuando lo humano le intercede, como a través de una opinión y una consideración se convierte en personal e intransferible, como lo etiqueta y lo individualiza. Y es que hay quienes ven al mundo como un lugar de oportunidad o como una cárcel de lamento, los hay que lo conciben como un lienzo buscando su significancia, otros como el barranco por el que se lanzarían para suplir una aventura, hay quien precisa de su adrenalina, hay quien de su serenidad, su misticismo, de su realismo, su franqueza o de su ambigüedad. Pero, como bien dije al inicio de este texto, nun...
No hay más introducción ni más edulcorante. Basurero personal, arrecife de textos presuntuosos que fueron redactados, probablemente, de madrugada. Sed bienvenidos.