OnlyFans, ¿empoderamiento femenino y libertad de hacer lo que a uno le da la gana, o mercantilización de la mujer?
En esta entrada intentaré realizar un análisis por capas de la cuestión de OF, y el porqué creo que se deberían de superar las respuestas y posiciones predeterminadas que hemos interiorizado como opciones válidas y conclusivas de este debate, que se repiten hasta la saciedad.
Primero hablaré sobre la mítica cuestión casi filosófica del libre albedrio, esto es, ¿este contenido publicado por parte de las mujeres usuarias de esta plataforma puede ser en algun momento libre, o estará siempre mediada por el contexto y la realidad material de nuestra sociedad? Esto suele ser uno de estos recursos predeterminados para atajar la cuestión, el decir que la mujer, por su condición de mujer [género], siempre tenderá [por la estructura socio-económica] a sentir una necesidad de consumo y de validación. Es decir, que la mujer aparentemente libre que cuelga fotos íntimas en OnlyFans, en realidad, lo está haciendo por su propia autopercepción de mercancía, obteniendo así una satisfacción en su consumo que le valida externamente, llevándola a posiciones de hipersexualización extremas que consigue, incluso, deshumanizarla generándola un objeto. Y esto me es en parte cierto, pero tramposo. Es cierto, porque el análisis es correcto en la base material, pero tramposo porque supone un ejercicio de abstracción, pues muchas (o incluso todas) de las actividades cotidianas y trabajos que realizamos están también sesgadas. El hombre que se mete a bombero, o policia para reafirmarse en su deseo de poder y dominación a través del "socorro a la víctima" y el "acto social" está siendo, en el mismo modo que la mujer que sube un nude a OF, intercedido por su contexto.
Este uso de la cuestión filosófica me parece de utilidad, pero no para acabar con el debate, sino para resaltar las posiciones que subyacen. La primera es el tabú social entorno al sexo, que parece cristalizar en misoginia interiorizada sobre la mujer lasciva que se entrega a los placeres de la carne y que se convierte en moneda de cambio sexual entre los hombres, filosofía muy propia del puritanismo que sigue impregnando gran parte de la sociedad actual: el trabajo del sexo denigra, la prostituta es repulsiva. Otra postura a resaltar de este análisis sería la del feminismo hegemónico, individualista por definición, que parece poner el foco solamente a cómo estos espacios perpetúan los roles de género que generan opresión hacia la mujer, sin poner el foco en las bases materiales, como si el eco de la dialéctica de clases no hubiese generado una división del trabajo, palpable en la mayoría de ellos. Por último, la última cosa que parece subyacer a este uso de la cuestión filosófica (y el más popular o notable) es sobre cómo relacionamos este tipo de actividades a la prostitución, que ha estado siempre irremediablemente ligada a la pobreza, la precariedad, la marginalidad y el rechazo.
Y es que, por lo menos para mí, OnlyFans sí supone un ejercicio de prostitución, en tanto que ofrece un producto individualizado para suplir una demanda sexual. Ejercería la prostitución tanto la prostituta por antonomasia, como la trabajadora de una línea erótica, como la webcamer, como la que ofrece contenido sexual en OnlyFans. Pero claro, la aceptación de esta premisa sería asumir un contenido conceptual muy potente, pues la palabra prostitución es sinónimo de precariedad, explotación, mercantilización y trata. Así que será justamente de esto de lo que querrán desligarse las nuevas formas de prostitución, generando una democratización del trabajo: la usuaria es la propietaria de la cuenta de OF, la que decide qué se hace, cómo se hace y cuándo se hace; y OF solo se lleva su comisión por intermediario. De esta manera ya no eres prostituta, eres empresaria de contenido sexual en una plataforma que te permite ser dueña de tu propio producto. Se genera así un binomio, rechazando, paradójicamente, a la prostituta que está a merced del putero, y que vende su cuerpo en la calle en la más mísera pobreza, casi sin elección y, en contraposición, a la de a pie, empoderada, que domina su contenido y que es propietaria de su servicio sin coerciones, ni malos tratos, sin peligro.
Y todo esto ocurre en un enclave histórico muy concreto. No está ocurriendo en 1870, y no solo porque no todo el mundo tuviese un smartphone para hacerse fotografías desnudo, sino porque el entendimiento del sexo y más concretamente, de la sexualidad no es ni remotamente el mismo. La reivindación social de la emancipación sexual, esto es, el poder acostarse con quien uno quisiese, cuando quisiese, suponía una quiebra del modelo monógamo y de la estructura familiar hegemónica que sustentaba la sociedad hasta hace no tanto (y que, ojo, sigue haciéndolo). Sin embargo, como toda lucha individual, fue embebida por el capitalismo que la articuló dentro de sus propias normas del juego, haciendo de la era de las consecuencias de la emancipación/revolución sexual, la era del consumo de cuerpos, del sexo como sistema de conquista y de puntuación social y del uso de cuerpos ajenos como mera masturbación. Estamos en la despersonalización y la banalización del sexo, y esto es aprovechado (y retroalimentará esta concepción del sexo) junto con lo comentado anteriormente para configurar de manera radical un nuevo nicho de mercado dentro de la prostitución, que, sin embargo, no pretende desbancar al antiguo.
Y aquí, al menos para mí, radica lo importante. OnlyFans, a través de que una chica cualquiera suba una foto de su cuerpo desnudo, porque puede y porque ¡menuda forma más tonta de ganar dinero fácil! (se puede ver fácilmente que también hay un sesgo de clase), crea un nuevo espacio de prostitución que, a sabiendas de no poder (ni querer) desbancar a los viejos, los retroalimenta. Supone un escaparate de "la nueva prostitución", la trabajadora sexual, la creadora de contenidos, que parece suponer un velo para la cruda realidad que se sigue viviendo en la profesión más antigua del mundo, la prostituta por antonomasia, la que ofrece a la demanda, la experiencia más real que se puede conseguir, aquella que vende, literalmente, su cuerpo. Y aquí está mi línea roja, la prostitución, tal y como hegemónicamente se entiende, es un vertedero de trata, explotación y violencia que no puede ser tolerado, ni mucho menos invisibilizado a través de una cortina de humo de "toma de decisión y ser tu propio jefe".
Y este es precisamente mi punto, la revelación de que todo forma parte de un sistema de engranajes que alimenta las mismas situaciones precarias, de explotación y de esclavitud humana que no pretenden eliminarse, porque están irremediablemente ligadas, porque todo es prostitución, y porque una ha de coexistir con la otra, pues nace de ella. Y sí, lo dicho al principio de la entrada es importante, el análisis materialista de por qué la mujer se ve atraída o embebida en este tipo de actividades y posiciones es importantísima y se ha de reivindicar, pues solo a través del análisis, solo a través de la teoria, se puede ejecutar la praxis. Pero no creo que se tenga que caer en el puritanismo y el tabú, que, sigue siendo o bien eminentemente misógino, o bien individualista.
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