¿Qué es la atracción sexual? Yo diría que la atracción sexual es aquella atracción que genera una estimulación sexual y apetencia hacia aquello que consideres bello. Esto sería, pues, una definición recursiva ¿Qué es entonces aquello que consideramos bello? ¿Cuál es el objeto de nuestra atracción?
El supuesto de que la atracción sexual es aquella cuyo
objeto de deseo son aquellos elementos que conformasen el género disolvería las
orientaciones sexuales si se eliminase el concepto de género. ¿Se puede estudiar
alguna sociedad en la que no haya géneros? Tomando que el género es una
construcción social no creo que haya ninguna sociedad humana que no caiga en
una diferenciación y clasificación de los individuos, pero no necesariamente
por los elementos que componen al género. En cuanto al reino animal, no puedo
estar del todo seguro que aquellos rasgos de comportamiento que acompañen a un
determinado sexo no sea percibido y asociado [condicionamiento] por los
animales. ¿Pero, de nuevo, se podría hablar de género?
Y es que, si el género no se pudiese disolver y fuese
inherente a la sociedad que lo posee sería un candidato para ser el objeto de
deseo, pero si no, nos dejaría sin algo a lo que poder sentirnos atraídos. ¿Las
sociedades humanas transmutarían su objeto de deseo? Esto es, ¿los elementos
conceptuales que conforman al género quedarían obsoletos dejando paso a otros
que darían lugar a otra diferenciación social alternativa que dividiese a los
diferentes individuos bajo otras etiquetas que no sean hombre ni mujer?
En la Antigua Grecia las relaciones sexuales y, por ello, la
atracción sexual no tenía como objeto al género, sino a “la clase”, a la
situación socio-político-económica del individuo frente al otro, a las
dinámicas sociales de poder explicitadas y, por tanto, detectadas en base a una
estratificación poblacional. En cambio, en contraposición con la actualidad,
parecería haber ocurrido una transmutación, habríamos fijado el objeto de deseo
a todos aquellos elementos circunstanciales a nuestra época que nos permiten
determinar categorías taxonómicas más allá de las cuestiones biológicas, esto
es, el género. ¿O acaso esto sería sólo una transmutación de la dinámica de
poder antes regida por el “estrato” de un individuo sobre otro? Me refiero
¿integran de forma inherente los propios géneros dinámicas de poder de forma
que estas quedarían “camufladas”? Hablaremos sobre esto más tarde.
Volvamos al supuesto de que fuese el género el objeto de
deseo. En este marco las personas transgénero sin passing, es decir, que son
percibidas como tal, podrían ser objeto de deseo sin ningún tipo de problema.
Me refiero, una mujer trans [una mujer, en cuanto a género] podría ser
perfectamente el objeto de deseo de lesbianas y hombres heterosexuales. Pero,
sin embargo, esto no es así. ¿Es una cuestión de que se nos escapa algo, de
transofobia interiorizada y de imposibilidad social para separar sexo y género
o es que la atracción sexual no tiene como objeto de deseo al género? Esto
último nos abriría la puerta a si la orientación sexual pudiese venir determinada
por las características físicas que nos permiten diferenciar entre hombre y mujer
(a nivel biológico).
Esto me genera cierta duda. Presupongo como cierto que los
primeros seres humanos debieron actuar guiados por el instinto reproductivo más
sencillo. Los sentidos especiales dictaminarían de manera puramente orgánica
quién sería aquella persona con la que copular. Además, habría que tener en
cuenta la norma [rutina victoriosa], esto es, la ventaja reproductiva
favorecida por la heterogeneidad genital, es decir, por el propio encaje mutuo
de aparatos reproductores complementarios, pero opuestos en cada uno
[novedosos].
Pero centrémonos en lo que nos atañe. De ser cierto que las
actuales orientaciones sexuales discriminasen en base a las características
físicas distintivas de sexo, ya sean primarias (genitales), como secundarias;
¿estarían hoy exentas del género? Para mantener el statu quo las sociedades
habrían instaurado [e integrado] la visión esencialista del género, esta es, la
idea de concebir que cada sexo contaría [por naturaleza] con un género concreto
al que va ligado irremediablemente, que le es intrínseco, como si entre ellos
no pudiese haber nunca solución de continuidad. Lo que digo es que
absolutamente cualquier cuerpo se categoriza de forma que sobre él recaiga el
género que le pertenece. No podemos atañer a las características físicas sin
atañer al género. Así pues, en cuanto hubiese cualquier tipo de incongruencia
entre ambas ocurriría un cortocircuito, un rechazo. No habría de confundirse
este con una cuestión puramente física aislada de todo contexto socio-político
[de hecho, no se debería nunca].
Para mi conclusión particular sobre este asunto instaría a
regresar hacia el final del cuarto párrafo. La transmutación de las dinámicas
de poder. Puede ser esto [advierto] una excesiva concesión a mi cosmovisión
materialista, pero teniendo en cuenta que quizá tú ya hayas encontrado este
texto como una sucesión de disparates, no tengo nada que perder. Desde mi
concepción dialéctica del mundo que me rodea no puedo sino, que encontrar al
objeto de este asunto como una conversación, o más bien, una discusión sobre
poder. Los interlocutores no habrían parado de transmutarse, de disfrazarse, de
ligarse a otros conceptos, a otras características. No es una cuestión casual
que haya una clara diferencia en cuanto al poder se refiere entre los [al menos
aparentes y, de hecho, necesarios] binomios*
de género, como si, de nuevo, no pudiese haber solución de continuidad
entre ambos, como si les fuese atribuido por naturaleza. De esta forma, el
objeto de las orientaciones sexuales, para mí, sería la adecuación de uno
dentro de este baile de máscaras sobre género donde la música corre a cuenta
del poder.
*Cuando remarco binomio y digo que es necesario, ataño, por
supuesto, a la remarcación de que ello es una forma más de ordenar la sociedad
para mantener el modelo imperante.
Adrián Ramos.
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